¿QUÈ ES LA ENSEÑANZA PARA LA DIVERSIDAD?

La enseñanza para la diversidad se inscribe en el enfoque de la educación inclusiva, que parte de la concepción de que todos los sujetos son capaces de aprender y que cada uno posee un conjunto de características y habilidades que lo diferencian de los demás, que han de ser estimuladas y acompañadas para alcanzar su total potencialidad (Unesco, 2008). Desde este punto de vista, la diversidad es entendida no como obstáculo sino como una oportunidad para enriquecer los procesos de aprendizaje.

El enfoque de la enseñanza para la diversidad propone diseñar la forma de trabajar en la escuela y en el aula con principios organizadores diferentes al modelo tradicional que brinda a todos lo mismo, ofreciendo entornos de aprendizaje que tengan en cuenta la heterogeneidad del alumnado. ¿De qué manera? A través de diversos modos de organizar los espacios, tiempos, agrupamientos, recursos, contenidos y tareas, garantizando lo común (es decir, aquello que se espera que todos aprendan) pero dando opciones y recorridos diferentes que los alumnos pueden elegir (Anijovich et al, 2014).

Perrenoud (2007) hace especial hincapié en que la diferenciación no equivale a una relación individualizada y exclusiva entre el alumno y el profesor, en la cual este último se ocupa de un alumno a la vez. En una clase diferenciada, por el contrario, el docente desempeña el papel de arquitecto de las situaciones de aprendizaje y los alumnos colaboran en el diseño y la construcción de estos aprendizajes al tomar decisiones. Esas decisiones se plasman, por ejemplo, en aquello que aprenderán, en cómo lo aprenderán y en cómo mostrarán lo que han aprendido, con momentos y modos de trabajo grupales e individuales, algunos comunes a todos los estudiantes y otros electivos.

Una aproximación a sus raíces teóricas

Las raíces teóricas de la enseñanza para la diversidad provienen de diversos campos dentro de la educación. Desde el ámbito de la sociología, Sacristán (2000) argumenta que, al ser la diversidad entre los seres humanos una condición inherente a nuestra naturaleza, la cuestión acerca de la dimensión de las diferencias en educación está siempre presente en cualquier temática educativa que se pretenda abordar. Bajo esta premisa, el autor sostiene que tanto las formas de organización escolar como las prácticas de enseñanza tienen el reto de salvaguardar lo común y, a su vez, proteger las singularidades individuales que enriquecen tanto al individuo como a la comunidad social. Diker (2008), por su parte, se cuestiona acerca de los límites y las complejidades que genera establecer qué es lo común de la escuela.  La autora se pregunta cómo es posible sostener la pretensión de ofrecerles a todos las mismas experiencias escolares sin que lo común se traduzca en una norma que, no sólo introduzca los procedimientos jerárquicos y clasificatorios de los alumnos, sino que los potencie. En este sentido, Diker sostiene que la homogeneidad pasa por incluir a todos los niños en la educación obligatoria sin perder de vista otra de las funciones de la escuela: diferenciar para una sociedad diversa.

En el campo de la psicología del aprendizaje podemos hallar diferentes incidencias. En primer lugar, encontramos la teoría de la Zona de Desarrollo Próximo propuesta por Lev Vigotsky (1978), que considera que todo sujeto que aprende tiene dos niveles de capacidad: su desarrollo real, es decir lo que puede lograr por su cuenta, y su desarrollo potencial, lo que puede lograr con ayuda y asistencia de otro que sabe más. La distancia entre ambos es lo que se denomina la Zona de Desarrollo Próximo (ZPD). Para aprender, entonces, los estudiantes deben recibir una instrucción que tenga en cuenta su propio punto de partida y les brinde la ayuda y las herramientas adecuadas para seguir avanzando. Por lo tanto, el rol del docente como mediador es fundamental, ya que debe procurar que las tareas sean suficientemente desafiantes para cada uno de sus estudiantes, pero no extremadamente dificultosas e inalcanzables, es decir que se encuentren dentro de su ZDP.

Por último, encontramos raíces en las inteligencias múltiples. Esta teoría, propuesta por Howard Gardner (1993), concibe a la inteligencia en sentido amplio, como la capacidad de resolver problemas o elaborar productos valiosos en un determinado contexto, y plantea la existencia de varios tipos de inteligencias: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal y cinestésica, naturalista, interpersonal, e intrapersonal. Desde esta perspectiva, cada persona tiene todas estas inteligencias, pero con distinto nivel de desarrollo, lo que redunda en que no todos aprenden de la misma forma ni en los mismos tiempos, ni tienen los mismos intereses ni razonan de la misma manera.

 

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Fuente:

Furman, M.; Larsen, M.E. y Aguzzi, C. (2020). “¿Qué sabemos sobre la enseñanza para la diversidad? ¿Cómo
enseñar en aulas diversas?” Documento Nº9. Proyecto
Las preguntas educativas: ¿qué sabemos de educación? Buenos Aires: CIAESA.
Revisión: Rebeca Anijovich

Imagen proveniente de edusou. Universidad Complutense de Madrid.

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