A los Educadores…OPTIMISMO

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Transitado el año escolar, los profesionales de la educaciòn necesitamos decirnos que debemos continuar con optimismo. Lo repetimos muchas veces intentando darle energìa extra al motor, porque sabemos que la profesiòn no se desarrolla hoy en el mejor de los climas.

Si bien no es sencillo hacer un diagnòstico emocional de los docentes, persistentemente hablamos de un incremento de la  conflictividad escolar, la ausencia de motivaciòn de los alumnos, el desencuentro familia-escuela, falta de ideas innovadoras y poca valoraciòn social de la tarea de formar, lo que produce un constante malestar y ese tipo de estrès que muestra a muchos educadores «quemados» por el peso de la realidad.

Por què insistir entonces con el optimismo, si hasta el Nobel de Literatura Josè Saramago declaraba: «Sòlo son optimismas los seres insensibles, estùpidos y millonarios». Evidentemente el optimismo va perdiendo popularidad y parece tener cada vez menos seguidores.

Por què ser optimista, si no es noticia el alumno que aprende con sacrificio ni los logros alcanzados por una escuela sino el fracaso, la indisciplina y la violencia. Es noticia que un alumno golpee a un docente, pero no que miles estèn aprendiendo. Dicen que son las lògicas de la informaciòn, pero necesitamos tambièn màs lògicas de la esperanza y el optimismo que nos ayuden a cambiar de actitud. Expectativas negativas generan resultados negativos.

Podemos ser pesimistas teòricos- el escenario muchas veces es demoledor-, pero los educadores necesitamos ser optimistas pràcticos. Sin caer en un optimismo ingenuo ni en los peligros de un falso realismo, hay que esforzarse para encontrar razones para el optimismo. Cuando la manta es corta y deja los pies o los hombros al descubierto, no son muchos los  que doblan las rodillas para pasar una buena noche. El lamento y la recriminaciòn ocupan demasiado espacio, mientras que està demostrado que el optimista logra modificar el  resultado de las cosas.

Decìa Winston Churchill: «El optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad».

No exagerar lo positivo pero tampoco quedarnos sòlo con lo negativo. A partir de ahì, tener claro lo que queremos y còmo pretendemos llevarlo a cabo. No es tanto la lucha en sì misma lo que agota, sino la falta de razòn para esa lucha.

Nos advierte Miguel A. Santos Guerra que la tarea educativa no se puede entender ni ejercer sin optimismo. «Puede operar con èxito un riñòn un mèdico sumido en una crisis de pesimismo y desesperanza? Puede…Pero es imposible que pueda educar una persona que ha perdido la confianza en sì mismo y en el ser humano con el que trabaja».

Formar niños es una invitaciòn a la esperanza que hace que el optimismo se vuelva contagioso. Debemos crear un clilma alegre en nuestras aulas, estusiasmàndonos y entusiasmando con los conocimientos que les transmitimos.

Para educar niños y rescatar una naciòn, necesitamos ser màs y mejores educadores junto a una comunidad que nos respete. Asì, podremos hacer nuestro trabajo con optimismo porque como dice Sabater: «Los pesimistas pueden ser buenos domadores pero no buenos maestros».

Alejandro Castro Santander

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A los educadores…optimismo por Alejandro Castro Santander se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

Agradecemos la enorme generosidad de nuestro colega Alejandro Castro Santander por brindarnos esta reflexiòn. Puedes comunicarte con el autor aquì

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