Distinción entre el concepto de diferente y diverso

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Educar con la diversidad es la condición básica de la Educación Inclusiva.

Al entrar en un aula debemos tener en cuenta que nos vamos a encontrar con la inevitable –y enriquecedora- diversidad del alumnado. Para entender bien el significado de éste término vamos a seguir las argumentaciones de Rosa Marchena ( 2005) y distinguir el concepto de diferente y diverso.

La definición exacta de diverso es compleja. Sáez (1997) llegó a afirmar que hay palabras, términos y conceptos que tienen la textura de los pantanos y el que se refiere a la diversidad puede ser uno de ellos. Gimeno (1999) llega a referirlo como “polifonía semántica” o “poliedro de muchas caras”.

A partir de una revisión teórica de los muchos discursos que intentan conceptualizarlo, podríamos sintetizar diferencialmente tres significados muy próximos entre sí –diversidad, diferencia y desigualdad– lo que nos ayudará a entender mejor el primero de ellos, que es el que nos interesa.

En lo que respecta a la diversidad, si tuviéramos que subrayar la palabra clave o nuclear de esta definición, no dudaríamos en destacar la expresión “hecho objetivo”. Cualquier profesor, al entrar en su clase –o ante cualquier grupo humano- puede percibir con facilidad que sus alumnos no tienen el mismo color de pelo, ni el mismo comportamiento, ni los mismos gustos, ni la misma familia, ni la misma mirada, ni un largo etcétera. Existirían cientos de criterios que conforme fuéramos adoptándolos se desplegaría un abanico de muchos colores entre nuestro alumnado. Al profesorado le podrá gustar o no esos rasgos de sus alumnos, pero está claro que lo que percibirá es la naturaleza y la vida misma. Desde estas páginas, esta realidad diversa la vamos a considerar permanentemente como un valor. Como diría Griffo (1999) la naturaleza vive y se reproduce exactamente sobre la riqueza de las diversidades.

Ante esta realidad el docente debiera considerar que somos todos los que estamos contribuyendo a configurar esa diversidad, ya que, conforme voy cambiando los criterios clasificadores, los grupos resultantes van también modificándose. En consecuencia, no existen los estudiantes “diversos” y los demás. Bajo este enfoque, un mismo alumno o alumna podrá estar en varios grupos a la vez. Si llega un estudiante nuevo procedente de otro país, es cierto que pertenece al grupo de los extranjeros o inmigrantes. Pero si cambio este criterio clasificador –procedencia geográfica-  es posible que también esté entre los compañeros más rápidos en comprender las matemáticas, y a la vez entre los más tímidos y también entre los más guapos, pero a lo mejor entre los que motóricamente peor se desenvuelven

Existe otro concepto –diferencia–  que no coincidiría exactamente con el mismo significado de diversidad.  Si, al igual que antes, subrayásemos las palabras que mejor refieren este término, lo haríamos en torno a  la de “apreciación subjetiva”. Entre una mujer morena y otra rubia –realidad objetiva- ¿quién es la diferente? Responder a esta interrogante conlleva adelantar de inmediato el vocablo de  “depende”. Efectivamente, si estamos en Suecia, la diferente sería la morena. La respuesta sería contraria si el que contesta lo hace desde España.  En los dos casos, se está reflejando el pensamiento de las personas de un país o de otro, aquello a lo que están acostumbrados en cada sociedad. Se sigue un criterio de frecuencia estadística –variable de un contexto a otro y en consecuencia subjetivo- para llegar a la conclusión de quién es la mujer diferente.

Tenemos que reconocer que son muchas las situaciones en las que resolvemos el “etiquetaje” bajo esta fórmula. Consideramos “diferente” a todo aquello que es poco frecuente. Como vemos, estamos ante algo totalmente subjetivo en donde las construcciones cognitivas personales, bajo la influencia social, deciden la asunción de un término.

Pero si solo nos quedáramos en ese punto –la percepción de la diferencia- no tendríamos demasiados problemas. Este fenómeno se complica cuando a lo que hemos denominado “diferente” le anexamos una valoración, positiva en ocasiones y negativa muchas otras. Al surgir esto último, comienza la discriminación o rechazo de lo que juzgamos diferente, con todas las consecuencias que eso puede acarrear.

Cuando un profesor considera que su alumno extranjero, o el que lleva el pelo azul con un imperdible en la oreja, es diferente ¿lo está valorando o solo por ese hecho lo considera menos? ¿Y aquél que es ciego y se comunica con el sistema braille? Como vemos, el problema no estaría en percibir la diferencia, convicción muy unida al pensamiento y difícil de erradicar. La complejidad surge cuando acompaño esta percepción de rechazo e inferioridad. Además, tal como planteamos en párrafos anteriores, esos alumnos que yo etiqueto como diferentes, pueden serlo solo bajo un criterio -su sistema de comunicación, la forma de peinarse- pero no ocurrirá así si asumo otros como la sociabilidad, sus habilidades musicales, sus destrezas, etc. Al proceder así, uno de esos estudiantes puede perfectamente estar incluido en cualquier mayoría estadística poseedora de determinado rasgo muy común a todos. Desde esa perspectiva, dejaría de ser “diferente”. Tendríamos aquí otra argumentación más para apoyar la relatividad o subjetividad de este concepto.

Es en este punto en donde emerge necesariamente la necesidad de  aclarar lo que implica el último concepto . Si las diferencias que percibimos traen como consecuencia que establezcamos una jerarquía –alumnos mejores, alumnos peores- se configura el significado de la desigualdad. Donde hay “jerarquía” –palabra clave de esta definición- no hay diversidad sino desigualdad. Cuando esto ocurre, determinadas personas gozan de unos privilegios y derechos que no poseen otras. Es evidente que es éste el término que debemos desterrar del aula. El ideal al que debiéramos aspirar se sitúa en la igualdad, pero obviamente, sin que esto suponga una anulación de la diversidad

Un profesor que asume los principios de la Educación Inclusiva, debe mostrar una defensa absoluta de la diversidad humana por ser éste el rasgo que mejor define e impregna a todas las personas. Diversidad entre individuos y diversidad incluso desde nosotros mismos a lo largo de nuestra vida. En la medida que se vaya adentrando esta concepción nuestra inevitable visión de las diferencias no tendrá porqué verse acompañada de rechazo o infravaloración. Sin embargo, habría que procurar que este propósito a alcanzar no permeabilizase segmentos de desigualdad y en consecuencia de injusticias. Aquí se situaría, de manera resumida, lo que deberíamos entender cuando referimos el concepto de diversidad

Como veremos más adelante, la diversidad es siempre enriquecedora en un aula si el profesor es capaz de percibirlo así. Podemos construir nuestra enseñanza sobre las diferencias de los alumnos y alumnas.  Explican Stainback, Stainback y Jackson (1999) que debemos descubrir esa diversidad de destreza y capacidad que cada uno posee con la intención de ponerlas al servicio de los demás. Estos autores llegan a proponer la conveniencia de que los alumnos reflexionen y exterioricen cuestiones como éstas: a) en qué cosas soy realmente bueno b) cuáles son las tres cosas en las que tengo problemas c) de qué forma puedo ayudar a otro d) en qué cosas necesito ayuda y qué tipo de ayuda me gustaría. Estas reflexiones llevan implícitas un lema que las  justifican: nadie es más listo que todos juntos

Al dar respuesta a esas cuestiones conseguimos igualmente que los alumnos y el mismo profesorado perciban que todas las personas tienen destrezas y habilidades pero que a la vez todos necesitamos ayuda en ciertos terrenos. Una estudiante puede ser una excelente lectora pero a lo mejor necesita ayuda para que la acepten en los momentos del recreo. Otro puede ir mal en matemáticas pero destacar por su memoria y por su capacidad para organizar actividades. El liderazgo social que poseen otros se puede convertir en una excelente ayuda ante determinadas tareas, como por ejemplo, rescatar información conectando con colectivos ajenos al aula.

En definitiva, como diría Garrido (2001: 19) todos los hombres son necesarios en el conjunto social, para todos hay funciones útiles que cumplir, todos forman el mosaico perfecto de la sociedad, nadie sobra, nadie es imprescindible, pero tampoco nadie es eliminable.

Fuente: Marchena, Rosa. Bases de la educación inclusiva. (Texto extraído en abril del 2016).

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